Rompiendo barreras: por una sociedad verdaderamente inclusiva


Queridos lectores y lectoras, a lo largo de décadas de activismo mi enfoque ha estado en la defensa de los derechos humanos, con especial atención a las personas privadas de la libertad. Sin embargo, hoy deseo dirigir mi mirada hacia un grupo que a menudo es invisibilizado: las personas con discapacidad.

Naciones Unidas desde hace algunos años nos viene estableciendo claramente que la discapacidad abarca diversas formas, ya sea física, mental, intelectual o sensorial. Lamentablemente, nuestro entorno muchas veces no toma en cuenta estas diferencias, lo que resulta en barreras que limitan la participación plena y efectiva en la sociedad. La discapacidad realmente no está en las personas, sino en las barreras creadas por la sociedad.

Estas barreras, a las que diariamente se enfrentan las personas con discapacidad, van desde espacios arquitectónicos inadecuados hasta el trato cotidiano que suele ponerlas en desventaja. Estos obstáculos no solo generan prejuicios y estereotipos, sino que también impiden la comprensión de la discapacidad como parte de la diversidad humana.

El resultado es claro: la exclusión. Una proporción significativa de personas con discapacidad vive en condiciones de pobreza y enfrenta discriminación en la educación, la salud y el empleo. Esta exclusión se agrava aún más cuando otras características, como el origen étnico, la edad, el sexo, la diversidad sexual, se suman a la ecuación.

La falta de accesibilidad en infraestructuras públicas, los elevados costos de cuidados y tratamientos, la escasez de oportunidades laborales y la carencia de un sistema de apoyo para una vida independiente son solo algunos de los problemas que enfrenta esta comunidad, según datos del Conapred en 2023.

Es crucial entender que las personas con discapacidad son contribuyentes activos en la vida social, económica y política. Más de mil millones de personas viven con alguna forma de discapacidad, y es responsabilidad social y comunitaria garantizar que las barreras que les afectan en sus derechos sean derribadas.

La inclusión en todos los niveles es imperativa, no podemos seguir permitiendo que exista exclusión de personas con discapacidad en los ámbitos educativo, laboral, político y económico, debemos asegurarnos de que estén presentes y participen activamente.

La tecnología, con su potencial innovador, puede desempeñar un papel crucial en la inclusión. Sin embargo, debemos manejarla con sensibilidad y ética, evitando que reproduzca prejuicios y discriminación. Menos del 5 % de los contenidos en Internet son accesibles para las personas con discapacidad, lo cual es inaceptable en nuestra era digital.

No me queda más que concluir este mensaje con una reflexión importante: necesitamos un giro radical en nuestro compromiso, solidaridad, financiación y acción. Debemos redoblar nuestros esfuerzos para lograr un mundo más inclusivo, en donde las barreras a las que se enfrentan las personas con discapacidad sean diluidas por acciones permanentes y decididas en favor de la inclusión.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *