El trabajo de cuidados abarca diferentes aspectos del bienestar de las personas, como la alimentación, la limpieza, la salud y el apoyo emocional. Se trata de relaciones en diferentes escenarios que pueden involucrar a la familia, la comunidad, entidades públicas y privadas, y se basan en vínculos diversos, como los de parentesco, amistad o laborales.
Todas las personas pueden ser sujetas de cuidado en algún momento de su vida, incluyendo a niños, niñas, personas con discapacidad o con enfermedades crónicas y personas adultas mayores.
No obstante es importante mencionar que, a consecuencia de la desigualdad de género, los trabajos de cuidado han recaído principalmente en las mujeres, quienes estadísticamente son las principales proveedoras de cuidado, situación que se incrementa cuando son madres o tienen a niñas o niños a su cargo.
Los roles de género que se imponen socialmente a las mujeres traen aparejada la responsabilidad de estas labores sin recibir remuneración. La falta de conciencia de la sociedad sobre esta responsabilidad crea una situación muy negativa que impide que las mujeres puedan participar en igualdad de condiciones en el mercado laboral.
Lo anterior refuerza las desigualdades sociales a las que se enfrentan las mujeres que son madres, evidenciando la necesidad de una perspectiva de género que impulse una redistribución del trabajo de cuidados y el reconocimiento del mismo como una tarea que debe ser compartida equitativamente entre hombres y mujeres, lo que permitiría avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria.
Los datos son un duro reflejo de esta realidad.
De acuerdo con la OIT, en el 2018 más de 600 millones de mujeres, muchas de ellas madres, en todo el mundo no estaban disponibles para realizar trabajos remunerados debido a que se encontraban realizando trabajos de cuidados.
Sin embargo, de un informe de la OIT y Gallup se obtuvo que la mayoría de mujeres que realizan trabajos de cuidado no remunerados preferirían trabajar a cambio de una remuneración. Lo anterior significa que, una parte importante de las mujeres que realizan labores no remuneradas de cuidado podrían activarse en la economía formal si se mejoran aspectos como el acceso universal a políticas sociales, servicios e infraestructura de cuidado.
En México los datos son igual de preocupantes, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), del 100% de los trabajos no remunerados, más del 25% corresponde al trabajo de cuidados, el cual de acuerdo con el INEGI es desempeñado en su gran mayoría por mujeres.
La cantidad de tiempo que dedican las mujeres a los cuidados no remunerados aumenta significativamente cuando tienen niños pequeños, lo que se traduce en una penalización en el empleo vinculada con la maternidad.
Las madres de niños menores de 5 años tienen las tasas de empleo más bajas en comparación con los padres, los hombres que no son padres y las mujeres que no son madres. A escala mundial, las mujeres que viven en hogares con niños trabajan menos horas en empleos remunerados que los hombres, y esta brecha aumenta a medida que aumenta el número de niños.
Además, las mujeres con responsabilidades de cuidado tienen una mayor probabilidad de trabajar de manera independiente y en la economía informal, lo que ocasiona que sea menos probable que estén registradas en el sistema de seguridad social.
Para alcanzar la igualdad de género en el trabajo es fundamental reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado.
El Banco Interamericano de Desarrollo ha expresado la importancia de implementar sistemas integrales de cuidado en América Latina y el Caribe. Estos sistemas se definen como un conjunto de políticas públicas encaminadas a apoyar a las personas que requieren cuidados, reduciendo y redistribuyendo las labores de cuidado, a la vez que se reconocen a las personas que realizan estas labores, incluidas las cuidadoras no remuneradas.
Los sistemas integrales de cuidado deben ser considerados un derecho tanto para las personas que requieren cuidados como para las cuidadoras. Los mismos pueden ser pieza clave para remediar las desigualdades de género a las que se enfrentan las madres en el ámbito laboral y social.
Por lo tanto, es necesario abordar la desigualdad en la prestación de cuidados no remunerados, reconocer su importancia y redistribuir esta carga entre hombres, mujeres, familias y el Estado.
Es indispensable que la sociedad, el gobierno y las empresas trabajen coordinadamente para crear políticas y programas que apoyen a las mujeres que son madres en la prestación de cuidados, tanto remunerados como no remunerados.
Esto implica reconocer el trabajo de cuidados como un derecho y una responsabilidad compartida entre hombres y mujeres, y crear sistemas de cuidados integrales que ofrezcan servicios de calidad, accesibles y asequibles. Solo de esta manera se podrán lograr avances significativos en la consecución de la igualdad de género y en el bienestar de las mujeres y sus familias.
Si te interesa profundizar sobre el tema, te recomiendo que veas la charla que tuve con Luz María Garza, Presidenta de la Comisión de Desarrollo Social y hablamos sobre lo que es el Sistema de Cuidados, la movilidad social y platicamos acerca de algunas historias que nos reflejen la realidad que vivimos en el tema de las cuidadoras.