El bien común es algo a lo que toda sociedad aspira, alcanzarlo es imprescindible para que todas las personas se puedan desarrollar integralmente. El bien común va más allá de las necesidades de las mayorías, ya que para que éste exista es necesario que se satisfagan también las necesidades de los grupos minoritarios de la población, quienes muchas veces se enfrentan a retos acentuados para alcanzar su desarrollo y progreso.
La consecución del bien común termina por cristalizarse en la garantía de los derechos humanos de todas las personas, permitiendo que existan condiciones para que cualquier persona pueda alcanzar sus aspiraciones personales y profesionales sin que existan barreras desproporcionadas para lograrlo.
Por ejemplo, algunos filósofos como Adam Smith, David Hume o Adam Ferguson, entendieron que alcanzar el bienestar individual es una de las principales aspiraciones de todas las personas, sin embargo, también concluyeron que hacerlo por cuenta propia es muy complicado y algunas veces imposible. De ahí la importancia de hablar del trabajo en conjunto de toda la sociedad, de contribuir desde lo colectivo para alcanzar el bienestar en lo individual.
Definitivamente, para alcanzar el bien común se tienen que conjugar acciones colectivas e individuales que permita un bienestar general que termine por impactar positivamente en las particularidades más íntimas de la vida de cada persona. ¿Cómo alcanzamos esto? ¿Qué herramientas tenemos? Algunas son:
· La responsabilidad social.
· La participación de la ciudadanía en aspectos de interés público.
· Las instituciones gubernamentales comprometidas con el desarrollo integral de todas las personas.
· La colaboración de todos los actores sociales para alcanzar un desarrollo económico sostenible.
· Guiar nuestras acciones con base en el amor.
En ese sentido, me gustaría centrarme principalmente en la responsabilidad social y el amor para alcanzar el bien común. Por un lado, la responsabilidad social implica que los diferentes actores sociales se hagan cargo de las consecuencias de las acciones que realizan, a través de buenas prácticas que impacten positivamente en el desarrollo económico de todas las personas y en un medio ambiente saludable.
Por otro lado, el amor. En muchas culturas el amor al prójimo está basado en entender a las demás personas como semejantes. Por ejemplo, las poblaciones mayas concibieron al universo como una unidad en donde todo está conectado y relacionado, y por lo tanto debe ser cuidado, respetado y amado por igual. Si extrapolamos esta visión a pensamientos de otras sociedades encontraremos que esto se basa en la idea de que todas las personas tenemos el mismo valor, la misma dignidad.
Entonces, vale la pena señalar que para alcanzar el bien común no podemos centrar nuestros esfuerzos únicamente en la visión económica o política. Debemos enfocarnos en el amor a las personas, entendiendo que todas tenemos el mismo valor. En lugar de ver a las personas como meras consumidoras, votantes o simples cifras, debemos verlas como seres humanos dignos y, por lo tanto, merecedores de amor y respeto.
Este enfoque amoroso y socialmente responsable nos puede impulsar a tomar decisiones que tengan en cuenta las necesidades y deseos de las personas de forma integral y que a su vez transformen positivamente nuestra comunidad. Significa trabajar para crear oportunidades para todos, no solo para unos pocos, así como apoyar iniciativas que protejan y preserven el medio ambiente, para que las futuras generaciones tengan un planeta habitable y sostenible.
Como ciudadanas y ciudadanos, debemos liderar el camino hacia un futuro más justo y sostenible. Debemos estar dispuestos a asumir la responsabilidad de crear una sociedad más igualitaria, y debemos hacerlo con amor y compasión por aquellos que nos rodean y así lograr alcanzar el bien común.