En esta ocasión quiero abordar un tema que me ha inspirado después de una conversación reveladora con mi querida amiga, la Doctora Sandra Mancinas, una incansable investigadora en políticas sociales y familia.
En nuestra reciente charla exploramos el inquietante mundo de las familias con necesidades complejas y los desafíos que enfrentan, así como las muchas áreas de oportunidad que el gobierno y la sociedad civil tenemos para impulsar una mejor calidad de vida para este tipo de familias.
Las familias con necesidades complejas son aquellas que enfrentan circunstancias únicas y que, a menudo, son difíciles debido a la situación particular de uno o más de sus miembros. Un ejemplo podría ser una familia en donde alguno de sus integrantes se encontrara privado de la libertad, generando necesidades específicas y acentuadas para que dicha familia pueda alcanzar un desarrollo integral.
En este sentido, el acceso a la salud es una de las cuestiones que más barreras y problemas genera a las familias con necesidades complejas. Como bien mencionó la Dra. Mancinas, la exigibilidad del derecho a la salud se ve afectada por la violencia estructural presente en muchos de nuestros sistemas.
Aquellas personas que viven en contextos sociales complicados y en situación de vulnerabilidad se encuentran con mayores obstáculos, lo que dificulta su acceso a derechos y servicios en materia de salud.
Imaginemos esta situación como un grupo de cirqueros malabaristas, cada uno balanceándose sobre una red que nos une a todos. La salud es un componente esencial del tejido social que nos mantiene unidos, pero si no se garantiza un acceso igualitario y justo a este derecho fundamental, corremos el riesgo de que todo el sistema se desequilibre y colapse.
La complejidad se profundiza cuando logramos ver a las familias con necesidades complejas desde un enfoque interseccional. Pensemos, por ejemplo, en una familia en donde uno de sus miembros vive con discapacidad, otro lucha contra la adicción a las drogas y otro vive en situación de cárcel. Aquí, las capas de desafíos se superponen, creando una situación aún más compleja que requiere de un acercamiento multidimensional.
Es muy importante trabajar en el concepto que se puede tener respecto de este tipo de familias, removiendo los estigmas y prejuicios para dimensionar objetivamente la complejidad que puede existir en su dinámica y buscar formas de colaborar para atender sus necesidades específicas.
Entonces, ¿qué podemos hacer para abordar estas situaciones? Aquí hay algunas recomendaciones que considero relevantes para los tres actores sociales más importantes:
1. Sociedad
Empatía y sensibilización. Es vital que todas y todos, como miembros de la sociedad, desarrollemos una mayor empatía y comprensión hacia las familias con necesidades complejas. Evitemos el juicio y, en su lugar, ofrezcamos apoyo y solidaridad.
2. Sector Privado
Programas de apoyo. Las empresas pueden desempeñar un papel crucial al implementar programas de apoyo a empleados y sus familias en situaciones complejas. Flexibilidad laboral, acceso a servicios de salud mental y asesoramiento son solo algunos ejemplos de medidas que pueden marcar la diferencia.
3. Gobierno
Aumento de recursos y capacitación. Como mencionó la Dra. Mancinas en la charla que puedes ver completa en mi canal de YouTube, es fundamental asignar recursos adecuados para garantizar el acceso a la salud de estas familias. Capacitar a los profesionales de la salud en la comprensión de las necesidades específicas de las familias complejas puede mejorar significativamente la calidad y la equidad en la atención.
En conclusión, abrazar la diversidad de las familias complejas es un paso esencial hacia una sociedad más inclusiva y justa.
Nuestros esfuerzos deben seguir centrándose en tejer una red de apoyo desde la pluralidad, recordando que nuestra fuerza radica en la capacidad colectiva para unirnos y enfrentar estos desafíos como sociedad.
Si te interesa profundizar en este tema, te comparto la “Charla con Sandra Mancinas | Políticas sociales y familia” a continuación: